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Lagos, artesanías y riqueza cultural extrema

La diversidad más absoluta reposa en el norte del país, expuesta en sus brillantes espejos de agua, sus mercados indígenas, sus comunas afrodescendientes, sus emporios artesanales, sus rituales ancestrales… Esta provincia es un maravilloso resumen del Ecuador, con una riqueza geográfica y cultural que sorprende a los viajeros.

 

 Texto: Juan Carlos Morales
Fotos: Robert Gibson

Imbabura es una de las provincias más encantadoras de Ecuador. Y no es únicamente por el atractivo de sus 26 lagos y lagunas –como San Pablo, Yahuarcocha o Mojanda–, sino porque combina la histórica ciudad de Ibarra, su capital, con pujantes poblaciones como Otavalo, que tiene el mercado artesanal más importante de América Latina; Cotacachi, destacada como centro manufacturero de productos de cuero, y Atuntaqui, poseedora de la industria textil más importante del país.

Además, en la región se asientan pueblos ancestrales descendientes del señorío étnico de los caranquis (500 al 1500 de nuestra era), cuya herencia cultural se exhibe, por ejemplo, a través de más de más de 5.000 tolas y de las fiestas deslumbrantes de la cosecha, en junio, conocidas como sanjuanes o intiraymis.

A ellos se suman los pueblos afrodescendientes que habitan en el Valle del Chota, y un mestizaje que, para el caso de Ibarra, se desborda en conciertos de música alternativa en sus más de 86 cafés, bares y discotecas, que suenan en medio de su característica arquitectura republicana.

No hay que olvidar que desde tiempos antiguos la región está regida por el maíz, así que sus fiestas, ciclos, gastronomía y diversas actividades dependen de este maravilloso grano.

Ibarra: historia republicana e iglesias

Reconstruida en 1872 tras un terremoto que la devastó en 1868, la capital de Imbabura, conocida también como la «Ciuad Blanca» por las fachadas de sus casas, fue fundada en 1606 a 2.204 msnm y posee un clima primaveral que bordea los 18 grados centígrados.

Tras recorrer sus parques, especialmente el central o el Pedro Moncayo, se puede acceder a atractivos culturales como el Museo del Ministerio de Cultura (calles Sucre y Oviedo) o penetrar en rutas nocturnas donde la modernidad se mezcla con su arquitectura republicana de finales del siglo XIX. Hay un trayecto ineludible por sus templos, como la Catedral (foto) o las iglesias de San Agustín o de Santo Domingo, sin olvidar visitar la parroquia urbana de Caranqui, con su tradcional parque y deliciosos panes.

Pero para apreciar mejor a esta ciudad, es preciso subir al Mirador del Arcángel San Miguel, su patrono, y desde allí observar la armonía de sus calles y la omnipresencia del Taita Imbabura, como deidad protectora. Y mucho más arriba del mirador, el restaurante La Estelita regala la mejor vista de la ciudad.

Cotacachi: Turismo comunitario con Runa Tupari

Runa Tupari trabaja con familias campesinas en cuatro comunas del cantón Cotacachi: Morochos, La Calera, Tunibamba y Santa Bárbara. Esta iniciatica de desarrollo sostenible nació en 2001 con el propósito de ofrecer alojamiento y alimentación bajo el concepto de que la “convivencia” facilita el intercambio cultural entre turistas y comuneros.

Tal experiencia destaca al agroturismo como una manera para que las familias de agricultores conserven y validen su patrimonio cultural y culinario a través de cultivos nativos, mientras que caminatas, cabalgatas y paseos en bicicleta exhiben la riqueza natural de sitios como las lagunas de Cuicocha y Mojanda, los páramos de Piñán, la montaña Fuya Fuya, los volcanes Cotacachi e Imbabura, y el valle de Íntag.

Las comunas que trabajan con Runa Tupari cuentan con 15 alojamientos rurales construidos con materiales locales, los cuales crean un ambiente confortable que garantiza una experiencia auténtica y suficiente privacidad para el visitante. Las cabañas tienen capacidad para tres personas y poseen chimenea de leña y baño privado con agua caliente.


Helados, cafés y adrenalina

Aunque la ciudad de Ibarra parezca una típica y tranquila urbe de la serranía, especialmente los fines de semana es posible acceder a una oferta gastronómica muy interesante. En la plazoleta de la Ibarreñidad, conocida como la Plazoleta del Águila, el viajero puede acceder a restaurantes de comida internacional, parrilladas con aires argentinos o combinar picadas mexicanas.

Muy cerca, en la intersección de las calles Sucre y Oviedo, se encuentra la Esquina del Coco, un lugar que data de la reconstrucción de la urbe en 1872 y donde, en un local que parece una hacienda en miniatura, es posible degustar de portentosos sánduches. No hay que olvidar, además, que Ibarra es conocida como la tierra de los helados de paila, una tradición del siglo XIX, junto a las nogadas (dulce de panela y tocte, fruto de los nogales), que se expenden en la calle Olmedo y en los locales del antiguo Cuartel de Ibarra, sitio propicio para los noctámbulos.

Pero antes de eso los turistas pueden armar la fiesta dentro de una variedad de discotecas, ubicadas algunas en el centro de la urbe, en avenidas como la Heliodoro Ayala, o por el sector del Mercado Mayorista, donde la rumba suena más divertida.


La verdadera experiencia del mundo andino

Visitar Imbabura y no disfrutar de una vivencia ancestral andina es casi un pecado. Una buena opción es acudir a Ilumán, a pocos kilómetros de Otavalo, donde se asientan más de 100 brujos andinos o yachacs, quienes permiten conocer el ritual de la «limpia», que no es otra cosa que poner las energías en su justo lugar.

Esta medicina tradicional, reconocida por la Constitución y las respectivas instituciones de salud, es la mejor manera de entender a estos pueblos que aún purifican el alma, lo cual resulta valioso para los visitantes que llegan agobiados por el estrés de las grandes ciudades.

El viajero puede encontrar esta milenaria sabiduría, por ejemplo, en los rituales celebrados en las cascadas durante las fiestas de los sanjuanes, en el solsticio de junio. Estas festividades nacieron como un agradecimiento a las cosechas, pero con la llegada de los incas el ritual fue dedicado a la deidad del Sol.

En la cascada de Peguche (foto), un sitio mágico a escasos cinco minutos de Otavalo, esas antiguas ceremonias son especialmente atractivas porque se celebran en un lugar considerado por muchos como el más sagrado de la Sierra Norte.

No hay que descartar la amplia gama de spas que han incluido en sus tratamientos el contacto a esta realidad andina, lo cual resulta ideal en esta provincia que se precia de tener una de las mejores infraestructuras hoteleras de Ecuador. Por eso, es posible alojarse en lujosas cabañas a orillas del lago San Pablo o aproximarse a la realidad local en cómodas cabañas comunitarias, un turismo que tiene su razón en esta región multicultural, teniendo la posibilidad de contratar los servicios de un brujo andino o de participar de un rito ancestral.

Todo esto se logra bajo el encanto de un impresionante entorno de lagunas, como la enigmática Mojanda, que guarda el embrujo de aquellos primeros tiempos cuando, según hablan los mitos, los gigantes caminaban por sus aguas.


La ruta de los Bordados

A escasos minutos de Ibarra se asientan poblaciones indígenas como La Esperanza, Angochagua o Zuleta, cuyos famosos bordados a mano muestran al viajero el encanto de lo andino.

En las estribaciones del Taita Imbabura, antigua deidad prehispánica y preincásica, se asientan comunidades que han desarrollado este tipo de artesanías.

Esto se combina, como en San Clemente, con una agradable oferta de hospedaje comunitario.

En toda la provincia existe un pujante turismo comunitario que puede consultarse en el portal www.imbaburaturismo.com, el cual es iniciativa del Gobierno Provincial.


Yahuarcocha: la naturaleza en su esplendor

A diez minutos al noreste de Ibarra, esta zona se ha convertido en un atractivo no solamente por su emblemático lago y sus instalaciones para competencias automovilísticas, sino por su infraestructura hotelera y recreaciones acuáticas.

Desde este sitio puede observarse la loma de Guayabillas, uno de los pulmones de la urbe y que aloja un centro de vida silvestre. Frente a esa enigmática colina se asienta el tradicional barrio de El Alpargate, donde es posible degustar diversos platos tradicionales.

Yahuarcocha, cuyo nombre en kichwa significa «Lago de Sangre», recuerda una antigua batalla entre los caranquis y los incas que terminó con miles de los fallecidos flotando en esas aguas teñidas de rojo.


La moda desfila en Atuntaqui

Imbabura tiene pujantes poblaciones como Atuntaqui, donde operan fábricas de textiles que han convertido a este encantador paraje en un sitio de compras que combina la moda actual con tradiciones muy arraigadas, como la celebración de los Años Viejos, el 31 de diciembre, a la cual concurren miles de visitantes para admirar un desfile de coloridas comparsas que es Patrimonio Cultural del Ecuador desde el 2007.

Este pequeño cantón cuenta, además, con imponentes vestigios de los centros ceremoniales de los caranquis –conocidos como tolas–, considerados los más importantes de la región norte. Están Paila Tola, Orozco Tola, Pupo Tola, también patrimonios culturales del país y sitios obligados para entender esta hermosa comarca.

En gastronomía debemos recomendar la organización de visitas a los poblados de Chaltura y Natabuela, donde se expenden, según dicen los entendidos, los mejores cuyes del país.


Otavalo: Pakari Tambo rescata las tradiciones 

Es un ícono de la arquitectura de Otavalo. Este antiguo tambo fue restaurado en dos años y medio de trabajos que recuperaron la tipología original y la cosmovisión andina oculta en esta construcción realizada en base de adobe, piedra y madera.

La vibración energética se asoma en los diferentes ambientes de Pakari Tambo, el único espacio en la ciudad de Otavalo que trata de rescatar los saberes ancestrales a través de exhibiciones permanentes relacionadas a la gastronomía, artesanías, textiles, arte, sanación y espiritualidad.

La oferta culinaria de su cafetería privilegia los alimentos más sanos y nutritivos de la región, elaborados en base a productos como el amaranto, la quinua y el maíz, además de una amplia variedad de platos de la cocina internacional, todo esto con el acompañamiento de shows en vivo de música tradicional andina.

La cafetería, que tiene servicio de wi-fi, también expende su exclusivo café orgánico Otavalo acompañado de ensaladas frescas, postres y bebidas locales, mientras que la tienda de souvenirs vende productos elaborados por artesanos calificados a buenos precios.

Pakari Tambo concede descuentos especiales a grupos y ofrece comisión para agencias de viajes y operadoras turísticas.

Facebook: Pakari Tambo.


San Antonio, talla en Madera

Este inolvidable destino está ubicado a cinco minutos de Ibarra, pero pronto será parte de su geografía debido al crecimiento indetenible de la capital.

San Antonio de Ibarra es una parroquia singular donde se realizan tallas en madera desde arte religioso hasta decorativo.

En el lugar pueden adquirirse diversidad de artesanías: desde vírgenes que rememoran a la escuela quiteña, pasando por decoraciones para el hogar, hasta modernas figuras que representan las últimas tendencias de estos hábiles talladores.

De hecho, existe toda una calle de almacenes y, para quienes deseen arte religioso aún viven verdaderos maestros, como Alcides Montesdeoca.

Sus fiestas populares –que incluyen pirotecnia– son parte del Ecuador que aún sobrevive pese a la modernidad.


El ferrocarril hacia Salinas

Todos a bordo. El Tren de los Andes parte desde Ibarra (foto) hasta la estación del Primer Paso atravesando más de una decena de túneles para brindar, en sus 45 kilómetros de extensión, una de las experiencias más acogedoras del turismo de aventura.

Este sorprendente viaje, realizado a 20 kilómetros por hora, expone al turista una diversidad de paisajes y climas relacionados a lo andino, lo subtropical y lo desértico, conformando un abanico de sensaciones que estallan durante las dos horas que dura el recorrido.

Además, al ser Salinas una población de afrodescendientes, el viajero podrá admirar sus bailes tradicionales, a ritmo de bomba, así como visitar las antiguas minas de sal, convertidas en museos ‘in situ’.


Cotacachi: naturaleza y artículos de cuero

Precisamente en los pliegues del volcán Cotacachi (otra antigua deidad andina) se encuentra la homónima ciudad, cuyo nombre en kichwa significa Moledores de Sal.

Pero ésa no es su principal actividad, sino la manufactura de artículos de cuero y tejidos, además de productos orgánicos elaborados por las comunidades.

Recorrer esta población significa detenerse en su iglesia matriz para admirar su arquitectura y ambiente de solemnidad, pero también acudir al mirador de Las Antenas, un sitio privilegiado desde donde se observan los vastos confines de esta tierra de lagunas, que incluyen las míticas de Piñán, ubicadas dentro de la Reserva Ecológica Cotacachi Cayapas (foto), destino perfecto para los amantes de la naturaleza.

Desde las profundidades de la tierra generosa también brotan vertientes de aguas termales, como Yanayacu, con 17ºC, ubicada apenas a 1 kilómetro de Cotacachi.

Este extenso cantón es refugio de varios bosques protectores, como La Florida, Los Cedros, Nangulví (también con termas) y la espléndida Reserva del Alto Chocó, cuyos paisajes nublados resultan impresionantes, sin olvidar mencionar la zona de Íntag, con sus piscinas termales de Nalgumbí.


Valle del Chota: negritud, fútbol, música y piscinas

Apenas a 45 minutos al norte de Ibarra se encuentra la cantera de los mejores futbolistas de Ecuador: el Valle del Chota. Esta zona está poblada por descendientes de antiguos esclavos africanos traídos por los curas jesuitas en tiempos de la Colonia para sus haciendas productoras de caña de azúcar.

Estos habitantes lograron conservar una herencia cultural expuesta en sus bailes y música, tal como es posible admirarlo en el alegre festival Coangue (foto), en carnaval, cuyo nombre significa en lengua africana Casa Grande o África, y que se ha ido convirtiendo en la máxima expresión de alegría de los pueblos negros asentados en la cuenca del río Chota.

Pero no es necesario esperar al carnaval para vivir la cultura local. Caminar, por ejemplo, por comunidades como El Chota, El Juncal, Chalguayacu o Carpuela resultan un encuentro con la magia de las tradiciones afro en plena serranía.

El Valle, ahora convertido en un semillero del fútbol, pero también de la cultura musical, como la bomba o la banda mocha, ha encontrado en el turismo comunitario una manera de mostrar el encanto de esta tierra. En Carpuela, por ejemplo, pueden adquirirse artesanías elaboradas por mujeres que con la vistosidad de tales productos evocan con orgullo su pasado africano, especialmente en máscaras de un profundo contenido ritual.

Antes de llegar a estas poblaciones se encuentran complejos turísticos con piscinas que incluyen olas, como en el Oasis. No hay que olvivar que el Valle está a unos 1.400 msnm, así que la temperatura es ideal para un chapuzón.


Chachimbiro: termas y lagunas escondidas

Existe un sitio envidiable para el turismo medicinal: Chachimbiro, sector al noroeste de Ibarra que tiene una serie de complejos turísticos de piscinas de aguas termales, donde se destaca la Empresa Pública Agua Santa, regentada adecuadamente por el Gobierno Provincial de Imbabura.

Esta oferta nos recuerda que la provincia de Imbabura es famosa por sus lagunas y sistemas hídricos.

El cantón Urcuquí, donde está Chachimbiro, es expositora de esta riqueza que incluye paisajes propios del páramo, donde es posible acampar en medio de conejos y venados.

Allí cerca está Ñagñaro, próximo de Piñán, un sistema lacustre maravilloso a 4.536 msnm, donde es posible apreciar desde bromelias hasta cerotes y, con suerte, el paso del majestuoso cóndor.

El paseo también debería llevarnos a Pato Cocha, a 4.016 msnm, cuyos extensos pajonales se visten de un azul brillante con mínimas lagunas durante el invierno.


Pimampiro: turismo cultural y aventura

El viajero llega al cantón Pimampiro para sorprenderse ante los vestigios prehispánicos de La Mesa (foto) o para convertirse en un explorador aventurero en la secreta laguna de Puruhanta.

Esta región posee una amplia riqueza agrícola, especialmente en el cultivo del tomate, pero también tiene un gran potencial turístico porque ofrece al visitante la experiencia de conocer los encantadores poblados propios de la serranía de Ecuador, con sus casas de vistosos aleros y la amabilidad de su gente.

La zona tiene la influencia de la Reserva Cayambe-Coca, donde el ecoturismo es una actividad en crecimiento con atractivos como el bosque medicinal Jambi Sacha, a 3.200 msnm, o a la comunidad de la Florida, en el sector de Palahurco, que ofrece una diversidad de paisajes que van desde los bosques alisos a aguas ferruginosas.

Turismo comunitario que enciende al Imbabura

El volcán Imbabura (4.560 m.) es testigo de una rica oferta de iniciativas de pobladores que apuestan por el turismo.

Los descendientes de los caranquis realizan un turismo comunitario que rinde homenaje a sus raíces: en San Clemente, en las faldas del Imbabura y a 10 minutos de Ibarra, aún es posible compartir la hechura del pan de maíz o, con el llamado agroturismo, levantarse muy temprano para arar la tierra.

Además de vivir una auténtica experiencia con el mundo andino, el viajero también puede realizar cabalgatas hasta el volcán o visitar la cercana laguna del Cubilche. No hay que olvidar que también puede accederse a convivencias con familias locales y hasta realizar voluntariado, por lo que muchos extranjeros acuden a esta zona.

Hay un circuito que incluye pequeñas poblaciones como Zuleta, famosa por sus bordados, o la visita a la talabartería de Emerson Obando, en la comuna La Esperanza.

Todo esto viene acompañado de una gastronomía local con productos que entrega esta tierra  generosa, como las tiernas mazorcas de maíz, el morocho o las habas con queso.

Contactos: Zuleta inolvidable (Felipe Escola), (09) 8358-2274; Refugio Terra Esperanza (Emerson Obando), (06) 266-0228; Tradiciones San Clemente (Juan Guatemal), (06) 266-0045; Ñucanchi Kawsay Native Travel (Élvis Túquerres), (06) 266-0066; Talabartería Obando (Luis Obando), (06) 266-0232.


Ambuquí: la ruta del aromático ovo

La parroquia de Ambuquí, a 1.560 msnm en el Valle del Chota, tiene su apoteosis a inicios de marzo: la Fiesta del Ovo, una mínima ciruela que brinda derivados que van desde vino a mermeladas. Después de la misa de acción de gracias, la cosecha se inicia en estos arbustos gruesos y aromáticos que crecen abrazados por un clima seco de 24oC.

Esta celebración rinde tributo a la agrobiodiversidad del poblado. Por eso, el licor de ovo también es parte del Patrimonio Cultural de Ecuador.

Al ser un pueblo mestizo, aunque se encuentra enclavado junto a poblaciones afrodescendientes, también tiene lazos con los antiguos pobladores caranquis de San Clemente.

Según los recientes registros patrimoniales, Ambuquí se precia de tener la banda mocha, tal como se denominan a agrupaciones de influencia afro que musicalmente se aproximan a las bandas de viento mestizas de finales del XIX, pero con la variante de que las actuales utilizan pencos, puros y hojas de naranja para simular instrumentos musicales como oboes, contrabajos o flautas. Estos instrumentos están cortados o mochos (de allí su nombre). La mítica banda mocha también está presente en el sector de Chalguayaco.

Ambuquí se encuentra a apenas 35 kilómetros de Ibarra y pertenece a su cantón. Allí se observa, por así decirlo, la confluencia de muchas culturas que habitan el Valle del Chota.


Lita: el subtrópico de Imbabura

Los secos de gallina criolla con yuca son famosos en Lita, que se saborean en medio de una vegetación deslumbrante y junto a casas construidas con pilotes, típicas de la Costa ecuatoriana.

Lita, al borde de las provincias de Esmeraldas y Carchi, es la parroquia más occidental del cantón Ibarra y posee un clima subtropical húmedo, elevándose a apenas 512 msnm.

A pocos kilómetros se encuentran las famosas Siete Cascadas, destino de naturaleza con una flora y fauna que permiten, por ejemplo, presenciar mariposas multicolores o descubrir los secretos de las orquídeas que crecen en las proximidades de imponentes caídas de agua.

Cerca del pueblo se encuentra la confluencia de los ríos en el sitio conocido como La Bocana (foto superior), que antiguamente era parte de la vía del tren, en la ruta Ibarra-San Lorenzo.

Con el acompañamiento de guadales y árboles, algunos del bosque primario, el turista puede observar aves enigmáticas que deambulan por esta población que convive con la etnia awá, cuyos nativos aún llevan sus productos en canastas de mimbre.

Su clima de 22 a 25oC produce frutas que son un valioso atractivo para los viajeros, porque es posible realizar recorridos en los diferentes emprendimientos turísticos que permiten la convivencia con familias locales, mientras se saborea frutos tropicales como guanábanas, bananas o papayas.

La parroquia está situada a 100 kilómetros de Ibarra. El secreto del recorrido está en realizar paradas en los diversos puntos, como Cachaco, Parambas o La Carolina, donde cruzando el puente hacia Carchi encontramos artesanías afroecuatorianas, en San Juan de Lachas.

En este sector pueden encontrarse artesanías elaboradas en cabuya, en un arduo proceso. Con suerte, es posible mirar las entrelazadas cabuyas como si fueran sábanas naturales que cuelgan bellamente.

Contactos de fincas agroturísticas: Los Robles, (06) 301-6718; La Playita, (09) 9789-3614; El Picaflor, (06) 301-2237, Rinconcito Ecológico, (09) 8276-2339; La Colonia, (09) 8606-6456; La Hermosa, (06) 295-1237.


Íntag, comunitario al máximo

Este valle del cantón Cotacachi (foto inferior) es el secreto mejor guardado de Imbabura. Allí se asientan seis parroquias rurales que exhiben naturaleza desbordante y agreste, aguas termales como en Nalgumbí, sitios arqueológicos como Gualimán, además de un turismo comunitario con familias que se han organizado adecuadamente para ofrecer experiencias de conciencia social.

Íntag es un nutrido semillero de estas iniciativas. Por ejemplo, la asociación El Rosal ofrece crema, jabón y champú a base de sábila; 28 jóvenes de Cuellaje operan actividades de aventura como canyoning, tubbing y rafting en el río Íntag; la Asociación de Mujeres de Íntag brinda turismo vivencial con visita a los talleres de la cabuya; Mujeres y Medio Ambiente realiza artesanías de fibra.

Adicionalmente, 40 familias de Junín realizan guianza por el bosque primario; en la comunidad Pucará, en cambio, los comuneros introducen al viajero en el sorprendente bosque nublado; las familias en la zona de Manduriacos operan albergues comunitarios, y los jóvenes de Nangulví se han organizado para que el turista disfrute de piscinas locales. Finalmente, los caficultores permiten conocer las fincas del famoso café de Íntag, que se exporta a Japón, Francia, España y Canadá.

Estando en Imbabura, existen dos vías para llegar a Íntag. Una parte desde Otavalo, por Selva Alegre, en un recorrido por una carretera de segundo orden, en un viaje de tres horas. La otra se inicia pasando la laguna de Cuicocha hasta llegar al pintoresco pueblo de Apuela, en dos horas y media de camino.

Desde Pichincha se puede llegar por la vía Calacalí-Nanegalito-Chontal, en tres horas.

Íntag está ubicada en las estribaciones occidentales de los Andes, en la cordillera del Toisán, además que por ser zona de amortiguamiento de la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas. Un dato esencial: es parte de la biorregión del Chocó ecuatoriano, uno de los sitios de importante concentración de biodiversidad del mundo, catalogado entre los 36 hotspot (punto caliente) del planeta, por lo que su naturaleza permite admirar aves, anfibios y mariposas, así como varias clases de hermosas orquídeas.

Pero lo mejor en Íntag son las 1.500 familias que a través del turismo comunitario ofrecen al visitante un viaje difícil de olvidar.

La Carolina: emprendimientos turísticos

Esta parroquia, localizada apenas a 64 kilómetros de Ibarra, fue fundada en 1606 como puerto de tierra en la rica ruta comercial entre Quito y Bogotá.

Desde esas épocas existió la idea de construir una carretera que uniera a estas poblaciones con el océano Pacífico, aunque recién desde hace pocos años existe este acceso de primer orden.

Pero gracias a esta demora, la fascinante naturaleza de la zona está aún por descubrirse, según es posible observar al acudir a alguno de los emprendimientos turísticos cerca de ríos como el Cascajal.

Allí es posible acampar en medio de árboles de frutos tropicales, también sumergirse en mágicos vados de ríos cuyas aguas cristalinas funcionan como una medicina perfecta para alcanzar el anhelado relax.

Algunas fincas turísticas ofrecen la posibilidad de refrescarse con jugo de pitahaya (fruta recién salida a recorrer el mundo), apreciar expresiones culturales de música y danza (previa reservación), zambullirse en piscinas de aguas cálidas o pescar en estanques de peces, todo esto frente al río Mira.

La población es conocida también como Guallupe, por uno de sus barrios, y tiene varias décadas ofreciendo turismo comunitario, en especial de mujeres afrodescendientes que preparan potajes a base de fréjol en sus múltiples variedades, sin olvidar la infaltable yuca, tubérculo también conocido como mandioca o casava en otras latitudes sudamericanas.

Sin embargo, el denominado picadillo es el representante más genuino de la gastronomía de toda la zona hasta Ambuquí. Y como refresco se recomienda el llamado comibebe estilo Guallupe, una suerte de compota de papaya, plátano seda y jugo de naranja.

En La Carolina conviven varias culturas, pero predomina la afrodescendiente. Por eso no es casualidad la existencia del ritmo de la bomba, que es tradicional del Valle del Chota, con sus propias variantes. Recordemos que la bomba –que toma el nombre del tambor hecho con cuero de chivo– no es posible sin el baile de bellas mujeres con polleras vistosas.

La parroquia La Carolina, como exponente de toda la provincia de Imbabura, ofrece un encuentro con la paz de la naturaleza, pero también con una riqueza cultural aún por descubrir.

Contactos fincas agroturísticas: La Ruta del Corazón, (06) 301-6429; La Tienda del Descanso, (06) 301-6592; Kalahari, (09) 9483-7639; Bosques de Paz, (06) 301-6606, bospas.org; Mirador de las Golondrinas, (09) 8291-2494; Los Almendros, (06) 301-6515; Pandora, (09) 9613-8999.

Fuente: TransPort edición impresa mayo 2013